CARTA DE UN VENEZOLANO PARA LOS HERMANOS ARGENTINOS

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El texto que publicamos a continuación fue escrito por Denis Portillo, un venezolano que, como muchos otros, se vio obligado a salir de Venezuela para asegurarse la vida:
¡Gracias Denis!
Ante todo reciban un cordial saludo de mi parte y les agradezco como venezolano el recibimiento que nos han brindando incondicionalmente en medio de estos tiempos tan difíciles que atraviesa nuestra sagrada patria, que es víctima de una de las dictaduras más perversas de la historia de América Latina.
No vinimos para acá a sacarles sus puestos de trabajo, ni para hacerles competencia, por el contrario, vinimos para dar lo mejor de nosotros como ciudadanos forjados de valores y principios, con ganas de trabajar y de echar para adelante con humildad, desde abajo, dejando colgados sin complejos nuestros títulos universitarios, diplomados (y/o cualquier otro reconocimiento académico), dispuestos a hacer cualquier trabajo u oficio para arrancar y avanzar, porque sabemos que todo laburo dignifica y además son experiencias fortalecedoras que nos enseñan a valorar lo poco con lo que llegamos en nuestras maletas y todo aquello que no tenemos pero que anhelamos conseguir.
Es mucho lo que dejamos en Venezuela y el proceso de adaptación a pesar del amigable trato que ustedes nos brindan no es nada sencillo. Recuerden que somos de El Caribe, en donde no conocemos las estaciones, en donde todo el año contamos con un esplendido verano. Recuerden que al igual que ustedes, estábamos acostumbrados a recibir gente de todo el mundo, incluyendo a decenas de miles de argentinos que huyeron de la Dictadura Militar (1976-1983), y fueron recibidos con los brazos abiertos.Al final la vida es un bumerán que todo lo regresa.
No sabíamos el significado de lo que era EMIGRAR, y desde niños nunca lo tuvimos ni remotamente planteado. No eramos un país con cultura migratoria como Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay que tienen en su ADN esa facilidad de adaptación.
Hermanos argentinos la inmensa mayoría de los más de tres millones de venezolanos que estamos hoy fuera de nuestro país y los casi 70 mil que hoy en día estamos en esta maravillosa nación, fuimos expulsados por la narco-dictadura que hoy se encuentra ilegítimamente en el Poder.
El no tener la mínima oportunidad de salir adelante a base de MÉRITO Y ESFUERZO, el bajísimo poder adquisitivo (un sueldo mínimo es de 15 dólares al mes/ 258 $ pesos argentinos), la ardua tarea en la que se convirtió hacer un mercado (por lo cuesta arriba que se hace conseguir los productos más básicos, además de estar practicamente dolarizados los precios). La imposibilidad de tan siquiera alquilar vivienda y muchísimo menos comprarla, y para resumir la lista porque es extremadamente larga, el no tener acceso a una vida NORMAL Y DECENTE, nos obligó a buscar un FUTURO para evitar que nuestros hijos crezcan en semejante pesadilla, pues no lo merecen ni ellos, ni nosotros ni cualquier ser humano sobre la faz de la tierra.
El ser inmigrante es una dura batalla porque se empieza desde abajo, y no digo que desde cero porque sería un error menospreciar toda esa experiencia que acumulamos en Venezuela. Requiere de mucha valentía tomar esa decisión para enrumbarse en el mar (sin ser marineros) en un pequeño bote, con un par de remos y una mochilita en la cual aparte de estar cargada de las pocas cosas materiales que traemos, llevamos los tesoros más valiosos que son nuestras raíces, tradiciones, nuestro Gloria al Bravo Pueblo y nuestro coño e’ la madre (jerga y acento).
Respeto a todos aquellos argentinos que son fieles seguidores de las corrientes de Izquierda, y espero no recibir por estas palabras insultos, humillaciones y señalamientos infundados. No caigan en ese comportamiento de desprestigio estéril de buscar chivos expiatorios y escuchen a quienes piensan distinto, pues es justamente en la universalidad de ideas que se crean los criterios más lúcidos y productivos para la humanidad en general.
Si quieren palpar y verificar nuestra realidad, los invito a que vayan a mi país y vivan un solo mes con un sueldo mínimo, a que tengan suerte de no ser asaltados o asesinados por el hampa que reina en cada rincón de Venezuela, a que no puedan salir de sus casas después de las 18:00 por esa realidad, e incluso durante el día estén totalmente expuestas sus vidas. Los medios de comunicación en Venezuela no existen, y lo que se reproduce por las redes sociales es apenas el 10% de lo que ocurre lamentablemente en el día a día. Nadie jamás podrá imaginarse el sufrimiento de Cristo a menos que sea crucificado.
Gracias por tanto Argentina y argentinos, esa buena voluntad será retribuída a través de nuestras buenas acciones, trabajo, esfuerzo y respeto. Veánse en este espejo y nunca permitan que ninguna cúpula de delincuentes les arrebaten lo más preciado que es su LIBERTAD. Ya han pasado por mucho, incluso después de aquella férrea dictadura y han aprendido de esas malas experiencias.
Solidifiquen con letras doradas aquella estrofa de su maravilloso himno nacional:
“SEAN ETERNOS LOS LAURELES QUE SUPIMOS CONSEGUIR”
Denis Portillo
Buenos Aires 06/09/2017