Viajando por el país y llegando a ¡MENDOZA!

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Inmigrante en Mendoza

Por Antonieta Benítez

Estando en Buenos Aires, aprovechamos para hacer algunos contactos que nos pudieran ayudar con la Fundación Identidad, que será una de nuestras misiones y objetivos en Mendoza. Re-comenzar es difícil y más, sí lo haces en otra parte, en la que no conoces nada ni a nadie.

Carlos y yo sabemos que debemos acoplarnos. Así que estamos haciendo un gran equipo. Intentaremos comenzar a producir lo antes posible pero, no es sencillo. Debemos demostrar a quien nos dé la oportunidad, que no sólo no se equivoca, sino de que podemos ser una buena adquisición. Algo que desde hace años, dejamos de hacer. Asusta, pero ni modo, haremos el mayor esfuerzo y punto ¡Pero no deja de ser un susto! Es como ir a presentar un examen, con la diferencia de que ¡dura muchos días y no conocemos al profesor!

Sin embargo, en Argentina todo parece natural. A pesar de la errada fama de “engreídos”, al estar en su país, te das cuenta de que la verdad es otra. Son personas agradables, amenas, sencillas y deliciosas para conocer. Cultos y educados. Además, son de los pocos que quedan en el mundo, que consideran al venezolano como tratables, tras la debacle de nuestra fama en el extranjero. ¡Cuánto agradezco eso! Así que sin duda, hemos llegado al lugar correcto.

Llegó la hora de salir a nuestro destino final, Mendoza. Debimos entregar nuestro hospedaje muy temprano y salir a las 20:30 con nuestro equipaje por bus. Así que debimos hacer tiempo para despedirnos de Buenos Aires.

Todo preparado, salimos en punto. Las condiciones del transporte son extraordinarias y la simpatía y comprensión de la gente, no se quedó atrás. Finalmente, acomodados en el segundo piso, primera fila, tendríamos una larga noche esperando, al amanecer ver la hermosa Cordillera de Los Andes.

Tras cena y desayuno, lecturas y dormidas, pasaron las 13 horas. Al salir el sol, pudimos ver la larga cadena de serranías que se nos presentaban. Era interminable. Para algunos sería el final de la Cordillera, para otros, incluyéndonos nosotros, es el principio…es decir, aquí comienzan Los Andes, porque es donde comienza nuestro futuro.

Hacía un día espléndido. Un día de primavera que nos encantan porque el cielo se parece al de Navidades en Venezuela, con un azul intenso y muy especial. Además, las nubes son tan extrañas y aisladas, que me hacen recordar a mi época de niña en la que les buscaba formas pero, ya no se las encuentro. Así que solo pienso en los rabos de nube, que se llevan lo feo, tal y como lo cantaban, Soledad Bravo, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez.

La experiencia del viaje fue hermosa. La travesía tranquila y serena, a diferencia de cualquier viaje que iniciaras en nuestra otrora tierra en la que apenas, al asomarte a la calle, corres el peligro de un asalto (con suerte), un secuestro o la muerte. Ni se diga, un viaje en autobús, en donde sí no tienes un accidente llegas destruido por las malas carreteras y las terribles condiciones de la unidad.

Acá fuimos atendidos como personas importantes. Nos ofrecieron comida caliente y cuantiosa. Mantas y almohadas para mayor comodidad y lo que es mejor, una enorme sonrisa desde la salida hasta el arribo. ¡Cuánto se nos había olvidado cómo era la vida de cálida! ¡Gracias Argentina por recibirnos! ¡Gracias Mendoza, por existir! ¡Trabajaremos duro para apoyarte y amarte!