Colombia – ONU – Cruz Roja: Apertura del primer centro para migrantes venezolanos.

0

Cortesía de El Tiempo y La Nación de Colombia

CÚCUTA, Colombia.- La frontera colombovenezolana, una de las más calientes del planeta, cuenta, desde ayer, con su primer centro para migrantes. Más que una solución, un ensayo para lo que viene. La diáspora masiva de los venezolanos ya supera los cuatro millones de personas, pero expertos y sociólogos vaticinan que el posible triunfo electoral de Nicolás Maduro provocará una nueva oleada, dispuesta a desparramarse por todo el continente. La última encuesta de Consultores 21 refleja que el 40% de los criollos sopesan la posibilidad de abandonar su país.

Estamos a pocos metros del puente internacional que une San Antonio (Venezuela) con Cúcuta (Colombia), el embudo de la tragedia que abate al país petrolero. La misma zona que en diciembre recibió a más de 1.200.000 venezolanos, la gran mayoría de ida y vuelta, aunque 100.000 dispuestos a iniciar la aventura de la emigración. El mismo territorio donde se mezclan el contrabando, la prostitución y el cambio masivo de divisas.

Las Naciones Unidas, el gobierno colombiano y la Cruz Roja finalmente se aliaron, con la colaboración de la alcaldía de Cúcuta, para levantar aquí el primer Centro de Atención Transitorio para el Migrante, con capacidad para 200 personas. Durante su primer día, la antigua escuela municipal, habilitada a toda velocidad, recibió a 37 personas, de las cuales, 27 pretendían seguir viaje dentro de Colombia. Las otras 10, tenían su destino final el sur del continente, entre Ecuador, Perú, Chile y la Argentina, cuyo canciller, Jorge Faurie, recibió ayer al secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, que busca consenso regional para elevar la presión sobre el gobierno de Maduro.

Entre los migrantes que llegaron ayer al centro estaba José Ramos, que a duras penas cargaba a sus espaldas un bulto de 40 kilos. “¿Ya están dando el ticket del almuerzo?”, dispara un despistado que se acercó a las instalaciones, muy cercanas a la Iglesia Católica, que durante meses proporcionó comida a los más desesperados.

Pero no se trata de un comedor ni mucho menos. El centro representa un intento de ordenar la fuga de los venezolanos; de hecho solo recibirán durante una noche cama, comida y ducha las familias, mujeres gestantes, chicos o ancianos que lleguen con pasaporte en regla y pasaje de ómnibus. Nada de jóvenes ni de solitarios. Incluso serán los funcionarios de emigración quienes, en principio, filtrarán los candidatos a pernoctar.

Una iniciativa novedosa en el subcontinente, con la cual también se espera conocer el flujo de emigrantes que seguirán camino a los países del sur. Las cifras oficiales del gobierno colombiano, elevan por encima de 600.000 el número de venezolanos establecidos en su territorio, pero las distintas asociaciones de migrantes consideran que ese número estaría ya entre 800.000 y un millón. La mayor crisis migratoria de la historia del país cafetero.

De hecho, estos días la frontera vive con tensión los dispositivos de seguridad montados por las fuerzas del orden, que desde el desalojo de los cientos de venezolanos de una cancha de básquet en el barrio de Sevilla, conocida como Hotel Caracas, dificultaron que pasen la noche durmiendo en medio de la calle.

Cúcuta se ha transformado en un gigantesco dormitorio a cielo abierto, compartido por los que llegaron dispuestos a seguir viaje, pero también por los que están decididos a ganar aquí sus primeros sueldos y también, con los que van y vienen, para vender lo que traen y comprar con ello lo que necesitan y no tienen en su país.

“Nos están haciendo la vida imposible”, asegura a LA NACION Rubén Darío Poleo, líder de los migrantes que pernoctan en el Parque Santander. Este antiguo soldador de Maracay, en el centro de Venezuela, de 57 años, solo lleva 21 días en tierra colombiana y, pese a todo, agradece la solidaridad de los colombianos. “Nosotros no culpamos a Santos, sino al gobierno de Venezuela, el único responsable de que mi país esté arruinado”, sostiene con firmeza.

Los migrantes creen que la presencia del presidente colombiano en Cúcuta, prevista para el próximo jueves, ha multiplicado las acciones policiales. Incluso entre ellos corrieron las noticias de que compañeros fueron devueltos a su país y otros, más afortunados, conducidos hasta la frontera con Ecuador.

El gobierno de Bogotá, presentará sobre el terreno un paquete de medidas para paliar la crisis, que se convirtió en uno de los temas centrales de la campaña política. Colombia vivirá, en marzo, elecciones legislativas y en mayo, la primera vuelta presidencial.

Situaciones similares:

Los andenes y las calles del sector de La Parada, a pocos metros del puente Simón Bolívar, en Norte de Santander, se han convertido en improvisados dormitorios a cielo abierto para muchos migrantes que decidieron cruzar la frontera, arrastrados por el deterioro político y social que se vive en Venezuela.En los últimos meses, el drama de esta población flotante, que se agolpa en el borde natural de Colombia y Venezuela, se ha convertido en paisaje cotidiano de Cúcuta y Bucaramanga.

El paso de muchos de estos ciudadanos provenientes del país vecino es transitorio. Ese es el caso de Estela López, quien llegó a este tramo de la línea divisoria procedente de Mérida, con la ilusión de atravesar el país con sus dos hijos, pernoctar unas noches en Ipiales, Nariño, y llegar a Ecuador.

“Dejar mi hogar y una parte de mi familia ha sido muy duro. Acá apenas comienza un largo viaje que muchos conocidos han hecho y que siempre padecen condiciones de dificultad y hambre. Pero no importa, porque cuando uno llega acá siente que la esperanza resucita”, relata la mujer de 39 años.

Estela ocupará este fin de semana el primer hogar de paso instalado en un colegio de Villa del Rosario, luego de que el viernes en la tarde la Cancillería confirmó la habilitación de este lugar, en el cual podrá brindarse cama y un plato de comida a unas 100 personas.

La atención que se prestará en este hogar de paso solo podrá ser requerida por los ciudadanos de otros países durante 48 horas.

Al igual que Estela, unos 616 migrantes optaron por ocupar semanas atrás una cancha en Cúcuta para levantar un albergue improvisado, que fue conocido popularmente como Hotel Caracas. Debido a la situación humanitaria que desencadenó esta aglomeración de personas, la Alcaldía emprendió operativos de desalojo y limpieza para recuperar la tranquilidad del sector.

“Le estamos solicitando apoyo al Gobierno para que diseñe una política de atención y enfrentar esta problemática, que es producto del fenómeno migratorio”, explicó Mauricio Franco, secretario de Gobierno de Cúcuta.

La Alcaldía aseveró que alrededor de 1.000 migrantes –entre niños, mujeres, hombres y adultos mayores– duermen en la calle, en la terminal de transportes, en algunos sectores del centro y en barrios aledaños al puente Francisco de Paula Santander, que comunica la capital nortesantandereana con la población venezolana de Ureña.

Por su proximidad con Cúcuta, Bucaramanga se ha convertido en otro punto de llegada de estos caminantes, donde la Personería ya contabiliza a unos 35.000 venezolanos.

Muchos de ellos han llegado a la capital santandereana luego de recorrer un largo viaje a pie desde la frontera, unos 189 kilómetros.

En un compromiso con la Procuraduría, la Alcaldía y la Gobernación estudiarán si pueden adecuar hogares de paso en algunos de sus predios. Sin embargo, solo funcionarían si el Gobierno lo determina así en los lineamientos que se están construyendo.

Esta semana, el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, envió una carta al presidente Juan Manuel Santos para solicitar que se definan acciones humanitarias contundentes y ofrecer respuesta a la población venezolana, así como a los colombianos.

Dejar respuesta